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La increíble historia de La Casa de la Palmera

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Las grandes ciudades esconden grandes secretos, como por ejemplo encontrar un avión escondido adentro de un hospital. Y Buenos Aires es una ciudad que está llena de historias increíbles especialmente cuando se trata de averiguar la historia de sus antiguas construcciones. Como es el caso de La Casa de la Palmera.

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La Casa de la Palmera está ubicada en pleno centro porteño, Riobamba al 100, a metros del Congreso de la Nación y lo primero que llama la atención de esta antigua casona construida a finales del Siglo XIX es la gran palmera que cubre casi la totalidad de su fachada. Esa rareza ya la hace especial pero lo verdaderamente importante es la historia de misterio, terror, asesinato y locura que guarda entre sus paredes y especialmente sus puertas.

La historia secreta

A finales del siglo XIX se instaló en esta casa una familia muy adinerada de Buenos Aires compuesta por el Señor Galcerán, su esposa Catalina Espinosa de Galcerán y sus seis hijos, cinco de ellos varones. La única mujer, Elisa.

Al poco tiempo el señor Galcerán muere y su esposa e hijos heredan la fortuna. Catalina amaba la casa y además hizo todo lo posible para que sus hijos estudien pero los 5 varones, aprovechando el dineral de que disponían, se dedicaron a los placeres de la noche porteña en una época en donde Buenos Aires era una de las grandes capitales del mundo.

Al poco tiempo también muere Catalina, y los 5 deciden cerrar su habitación dejando todo intacto y prohibiendo su entrada a cualquier persona, ellos incluidos. Ahora, sin Catalina ocupándose de la casa debían hacerlo sus hijos pero los varones no movieron un dedo, siguieron con su estilo de vida descontrolada y Elisa, la única mujer, debió ocuparse de todo además de ser la única persona en esa familia que trabajaba. Esto molestó mucho a la joven mujer, que intentó por todos los medios modificar los hábitos de sus hermanos sin conseguir éxito alguno.

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Al poco tiempo, y misteriosamente, muere uno de sus hermanos. Tanto Elisa como los otros deciden hacer lo mismo que hicieron con la madre: cerrar la habitación del fallecido dejando todo intacto.

La vida continuó por poco después murió otro de los varones, también por causas misteriosas, y luego otro, y otro hasta que murieron todos y Elisa mantuvo el ritual: por cada muerto una habitación cerrada.

Ahora Elisa era la única habitante de esta gran casona repleta de habitaciones cerradas.

Durante los siguientes 40 años poco se supo de Elisa. Solo que tenía una vida rutinaria y tranquila. De lunes a viernes iba a trabajar todos los días puntualmente al Congreso de la Nación y todas las tardes concurría a rezar a la Parroquia de Balvanera. No se sabe de nadie que la haya visto en otro lugar ni de nadie que haya sido invitado a la Casa de la Palmera durante esos 40 años.

Todo parecía normal, hasta que un día Elisa no apareció en la Parroquia. Preocupados los curas llamaron a la policía quiénes fueron hasta la casa, tocaron timbre pero nadie atendía. Tiraron la puerta abajo y la escena que encontraron fue de terror.

La Casa de la Palmera por dentro estaba prácticamente podrida, basura por todos lados, objetos rotos, telas arañas por doquier, ratas atravesando los pisos, olor nauseabundo. Registraron todas las habitaciones, abrieron puertas que no se abrían por más de 50 años. Las habitaciones de Catalina y sus hijos varones seguían intactas como el día en que murieron. Pero la de Elisa estaba completamente vacía.

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Asombrados los investigadores bajaron al sótano y allí la sorpresa fue mayor: encontraron en un pequeño espacio todos los muebles de la habitación de Elisa perfectamente ubicados, el lugar diminuto perfectamente limpio e iluminado, y Elisa tendida en la cama ya sin vida.

 

Viviendo en una casa gigante, un pequeño palacio del Siglo XIX estilo francés, Elisa decidió recluirse en un pequeño espacio aislado de la barbarie de las plantas superiores.

Durante los años siguientes la casa permaneció cerrada hasta que un día decidieron remodelarla y poner allí una escuela primaria (no había mejor idea?).

Cuentan las madres que los niños de la escuela escuchaban voces, que las puertas se cerraban solas, que la atmósfera era irrespirable. Los niños asustados no querían asistir así que al poco tiempo la escuela debió cerrar.

Ahora funciona allí el Instituto del Pensamiento Socialista. Desconozco si en las noches siguen apareciendo las voces de los hermanos Galcerán, o de la madre Catalina, o si Elisa los mantiene callados a todos sabiendo que la casa ahora está limpia, o por el contrario, si está esperando el momento de reaparecer para acallar a las voces socialistas que nunca comulgaron con su ideología.

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Elisa Galcerán

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Cúpulas de Buenos Aires en #ArquitecturaTuitera

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Desde un tiempo y cada 2 semanas hago en twitter una cosa a lo que llamo #ArquitecturaTuitera en la cual elijo una temática arquitectónica de Buenos Aires o Argentina y subo fotos. El objetivo es transmitir la idea de que está bueno caminar por la ciudad y el país mirando hacia arriba porque especialmente en Buenos Aires, el caos y la contaminación visual más la costumbre del celular, no permiten apreciar la gran cantidad de belleza arquitectónica con la que nos cruzamos todo el tiempo y en cualquier lugar. Supongo que por esa costumbre que ya tengo incorporada surgió el famoso tema de El Avión en el Hospital de Clínicas.

De a poco voy a ir trayendo los #ArquitecturaTuitera a este blog, y para comenzar lo haré con uno que me gustó mucho que se llama: Cúpulas de Buenos Aires. Y fue así:

Estas son solo algunas de las tantas que hay en Buenos Aires y de las tantas que otros usuarios compartieron en ese #ArquitecturaTuitera.

Agradezco mucho a @elderberg que gentilmente juntó todos los tuits.

Y por último, vuelvo a recomendar caminar la ciudad mirando hacia arriba y no olvidar que no es amor lo que sangra…

 

 

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El secreto mejor guardado de Buenos Aires

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Buenos Aires, como toda gran ciudad, está llena de secretos. Pero hay uno que realmente es sorprendente y lo descubrí de casualidad. Es el secreto mejor guardado de Buenos Aires.

Voy a contar los hechos tal cual sucedieron:

Tenía turno en el dentista a las 9:30am en Azucuénaga y Paraguay. Estacioné el auto en la gran playa de estacionamiento que se encuentra en frente del dentista y también frente al Hospital de Clínicas.

Al llegar a recepción me dicen que se equivocaron al darme el turno y que en lugar de las 9:30 el doctor me atendería 11:30. Luego de maldecir un rato decido esperar. Tenía 2 horas. Iba a tomarme un café pero decidí esperar la primera hora en el auto y la segunda tomando un café.

Vuelvo al auto, reclino el asiento para atrás, me recuesto y me vista queda justo apuntando a la fachada del Hospital de Clínicas. Y NOTO ALGO RARO…

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No lo ven? en lo que sería el segundo piso de ventanas parece haber un FUSELAJE DE AVIÓN. Miren de nuevo…

No sabía si estaba loco o dormido, bajé del auto y me acerqué convencido de que al verlo desde más cerca descubriría que en realidad se trataba de otra cosa, pero…

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…todo lo contrario. Más que nunca parecía haber UN AVIÓN. Pero obviamente no podía ser, entonces publiqué la foto en tuiter y otras personas vieron lo mismo que yo y empezaron a persuadirme para que entre a investigar. Al principio dudé, pero tenía tiempo y la curiosidad era más grande. Qué es eso que parece ser un fuselaje de avión adentro de un hospital?

Me lancé a la aventura…

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No sabía si podía pasar, si se podía subir sin pedir permiso, ni siquiera estaba seguro del piso donde estaba esa cosa que se parecía a un avión. En mis cálculos debía ser el piso 4 o 5.

Entré al hall, busqué una escalera haciéndome el distraído (igual nadie miraba a nadie y es un lugar público), encontré una escalera pequeña que daba a la calle Paraguay. Eso era importante porque el edificio es inmenso y las ventanas dan a Paraguay. Si tenía alguna chance de encontrar algo debía mantenerme en ese sector.

Subí al piso 1, al 2, al 3, el lugar era horrible, oscuro, gigante y vació. Un hospital público que fue noticia hace poco porque no le funcionaban los ascensores (por eso no busqué un ascensor). Mientras subía pensaba en la pobre gente que no le queda otra que atenderse ahí (aunque tal vez el servicio médico sea muy bueno, no lo sé). Y de pronto llegué al piso 4, donde comenzaba mi investigación. Pero fue más sencillo de lo que esperaba. Ni bien salí de la escalera esta fue la imagen….

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Y ESTO????  TIENE FORMA DE AVIÓN!!! Comencé a caminar azorado… y las sospechas inimaginables se fueron haciendo realidad…

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Increíble pero real. UN AVIÓN EN EL HOSPITAL DE CLÍNICAS DE BUENOS AIRES. Qué hace ahí? cómo lo metieron? Por qué nadie habla de su existencia? qué secreto se esconde en semejante delirio?

En tuiter todos querían saber su razón de ser y muchos opinaban. Por ejemplo…

Lo cierto es que todas pueden ser ciertas. Yo no quiero saber la verdad. Temo que sea una explicación coherente. Y prefiero quedarme con esta idea loca de que, de pura casualidad, descubrí el secreto mejor guardado de Buenos Aires.

Los dejo con esta imagen, se llama: “EL AVIÓN Y EL DOCTOR”. En pleno centro de Buenos Aires. En medio del tránsito. Adentro de un edificio porteño.

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Palacio Barolo. Haciendo turismo en Buenos Aires

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El Palacio Barolo es uno de los edificios más lindos de Buenos Aires, ciudad que está repleta de edificios lindos.

Como conté en este post, hacer turismo en Buenos Aires es una gran alternativa para que los porteños nos sintamos de viaje todo el año. Pero por supuesto, el Palacio Barolo es también un imprescindible para todo turista que visite la ciudad.

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Palacio Barolo

El Palacio está ubicado en una de las avenidas más lindas de Buenos Aires, y lo curioso es que su arquitectura es un homenaje a uno de los poemas más famosos de la historia de la literatura mundial: La Divina Comedia de Dante Alighieri. Algunos, incluso, afirman que en el palacio descansan los restos del poeta.

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Palacio Barolo. Av. de Mayo 1370

El Palacio Barolo mezcla las corrientes arquitectónicas del neorromántico y neogótico, y a su vez tiene un faro espectacular en el piso 22 al cual se puede acceder y ofrece una maravillosa vista de la Ciudad de Buenos Aires.

Afortunadamente, desde el año 2004 se organizaron visitas guiadas al palacio las cuáles son muy completas y hechas por especialistas.

Las visitas se realizan todos los domingos desde las 10 hasta las 20hs y conviene reservar con anticipación. Duran 2hs y suelen estar completas. El precio actual es de AR100 por persona. Es recomendable ir sin niños. Para más información ver Palacio Barolo Tours. 

Mi experiencia en el tour.

Fuimos al de las 16hs. Llegamos 10 minutos antes y tuvimos que esperar unos 20 minutos hasta comenzar en tour que se inicia en la hermosa planta baja. Allí el guía nos hizo una larga exposición para ponernos en contexto del momento en que el Palacio fue construido y las razones. También acerca de todo el mito sobre el homenaje a la Divina Comedia que representa y se devela el misterio acerca de si allí mismo, se encuentra la tumba de Dante Alighieri.

 

De allí, subimos directamente hacia el piso 13 donde conocimos oficinas y las formas arquitectónicas con que fue construido el edificio que hoy funciona como oficinas.

A partir de ese momento comenzamos a subir por escaleras, descubriendo rincones, terrazas, oficias personales, balcones estrechos que rodean al palacio y muchos secretos de la obra y sus autores hasta llegar al magnífico faro al cual se puede ingresar de pequeños grupos por una escalera muy angosta. El faro es un pequeño horno así que mejor dejar abrigos en la anteúltima escala y tener preparada la cámara de fotos para registrar las hermosas vistas de Buenos Aires.

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Faro del Palacio Barolo

Luego del faro viene el descenso con una escala en el 3er piso que tranquilamente podría ser obviada. El que quiera sigue bajando y se va directo a comer algo al Café Tortoni (un lugar muy sobrevalorado para mi gusto).

Hagan o no esta última parte, lo cierto es que Buenos Aires está lleno de rincones, edificios y joyas arquitectónicas, que por lo general los que vivimos aquí no nos detenemos a descubrirlas, solo porque creemos que la palabra turismo no se asocia al lugar donde pasamos todos los días de nuestras vidas.

Vayan al Palacio Barolo. Vale la pena.

 

 

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Dos países escondidos a 40 minutos de Buenos Aires

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Probablemente muchos ya los conocían, pero también muchos no saben que existen.

Se tratan del Mercado de Maschwitz y el Quo Container CenterAmbos ubicados a 100 metros de distancia, sobre la calle Mendoza, a metros de la Panamericana, y a sólo 40 kms de Buenos Aires.

Realmente, cuando vas, pareciera que te fuiste de viaje a otro país.

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El Mercado es literalmente un pequeño pueblo construido hace sólo 5 años pero con materiales antiguos que hacen parecer una mezcla de La Boca con algún pueblito del sur de Italia. El resultado está muy bien logrado. En medio de las callecitas de piedra y pasarelas en alturas, hay cafecitos, con mesas en las veredas, fruterías y despensas, negocios de cosas varias, algún restaurant, plazas donde las noches son muy agradables y mucho negocio de artesanías reciclables y antiguedades.

Es ideal para caminarlo, entrar a sus negocios, sentarse a tomar café, a mirar pasar gente en las plazas o comprar fruta que reluce y parece de muy buena calidad.

La sensación es la de haberse alejado miles de kilómetros de Argentina y estar paseando por unas horas por algún pueblito pintoresco que podría pertenecer a Europa.

A sólo 150 metros de allí, y en la misma calle Mendoza se encuentra el Quo Container Center, que tiene nombre de shopping, lo es, pero también es un pequeño pueblo muy hermoso y totalmente distinto al Mercado.

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El Quo es aún más nuevo que el Mercado (en cuanto a su existencia), y está construido sobre diferentes containers aplazados entre sí y unificados por pasarelas y terrazas en altura. La onda de este pueblito/shopping es la ecológica, con una clara intención de transmitir el valor del reciclaje.

En el Quo predominan más los negocios que los bares, pero también se puede tomar un café, una cerveza y comer cosas ricas allí.

Todo es prolijo, moderno, agradable e innovador, pero tal vez menos pintoresco que el Mercado.

Ambos pueblitos se pueden recorrer en un día (y sobra tiempo) aunque es lindo quedarse a cenar, en especial en el Mercado, ya que en las noches suena música en vivo y el ambiente se vuelve muy agradable, y por supuesto ambos son para un público ATP, ideal para ir en familia.

Lo que viene sucediendo por la zona de Maschwitz es muy loco. Ya sabíamos que hay un aire a la conexión con la naturaleza, a darle valor al reciclaje y todas esas cosas, pero esto de recrear pueblos con arquitecturas particulares es algo bastante novedoso en Argentina y por supuesto tendrá sus detractores y quienes estén de acuerdo con la idea.

Para ilustrar esto que me refiero basta ver algo que sucede a muy pocos kilómetros de allí y que incluso se ve desde la Panamericana. Me refiero a Torrepueblo, la recreación de un pueblo de La Toscana en pleno Conurbano Bonaerense y muy próximo a inaugurar. Ya hablaré sobre Torrepueblo en un post aparte.

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En conclusión, vale la pena agarrar el auto un fin de semana, y conocer estos pequeños países que te generan la sensación de viajar muy lejos, a sólo 40 minutos de Buenos Aires.

 

 

 

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Buenos Aires desde el aire

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Retomando el tema de Ventana o Pasillo debatido aquí mismo hace unos días, y ante la sorprendente mayoría que elige pasillo, por cuestión de comodidad para ir al baño, no sólo reafirmo mi convicción ventanera fundamentalista, sino que además la apoyo con pruebas explícitas de estas fotografías tomadas el 24 de Diciembre en un vuelo de Lan Argentina con destino a Santiago de Chile, salido de Aeroparque por la pista 13 (o cabecera norte), y ocupando ventanilla en el sector izquierdo del avión.

Esa salida es muy interesante para apreciar Buenos Aires desde el aire, ya que el avión  asciende hacia el norte y gira a la izquierda más de 200º sobre el Río de la Plata, quedando para los pasajeros de ventanilla izquierda, hermosas postales de toda la zona norte de Buenos Aires, además de Retiro y Puerto Madero.

Aquí las fotos:

Aeroparque, Hipódromo y Parque Norte

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Desde River a Puerto Madero

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Estadio de River y Nuñez

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Aeroparque, Hipódromo y media Buenos Aires. Se aprecia el Parque Centenario que parece más cerca de lo que en realidad está.

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Puerto Madero, Centro, la Boca y Avellaneda

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El espectáculo dura unos 5 minutos. Pero no hay lugar en toda la ciudad donde se pueda apreciar semejantes vistas.

Insistiré con el tema.

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La mejor tortilla de Buenos Aires

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VER ACTUALIZACIÓN ABAJO

Está bien hablar de gastronomía en un un blog de viajes? No lo sé pero puedo forzar un poquito la respuesta para justificarlo:

  • Parte esencial de un viaje es comer, o mejor dicho, probar la comida del lugar que visitamos.
  • Qué diferencia hay entre hablar de la comida de un lugar al que viajamos o la arquitectura de ese lugar? si escribo sobre los paisajes de una región de algún país debería abrir un blog de montañas?
  • Tan ligados están la gastronomía y el turismo que muchos viajantes hacen toures gastronómicos o visitan países o regiones simplemente para conocer sus sabores.

El problema con todos estos argumentos es que me estoy refiriendo a la mejor tortilla de la ciudad a donde vivo y encima, queda a 2 cuadras de mi casa. Pero como conté en este post, es posible, y además muy lindo, hacer turismo en tu propia ciudad.

Así que hablaré de un lugar muy especial al que recomiendo mucho ir a comer la tortilla, ya sea porque estás de visita en Buenos Aires o porque vivís acá.

Me refiero al Centro Montañés de Buenos Aires también llamado Casa de Cantabria o conocido como el Club Montañés.

Está ubicado en una cuadra muy rara en la calle Jorge Newbery entre Cramer y Conesa. No se sabe bien si es en el barrio de Colegiales o Belgrano, y apenás a 4 cuadras de Palermo Hollywood pero totalmente desconectado a esa zona.

El Centro Montañés es en realidad un típico club de barrio de la comunidad cantábrica en Buenos Aires que data de la época de la inmigración española en Argentina y la necesidad de las distintas comunidades para ayudar a la adaptación de sus inmigrantes.

Yendo a lo realmente importante, la tortilla es mi comida preferida de todos los tiempos. He probado tortillas de todo tipo y en todo lugar. Siempre habrá una tortilla casera de algún familiar que será la más rica del mundo, pero no todos podemos ingresar en las casas de abuelas ajenas. Así que en lo que se refiere a Restaurantes, además en Buenos Aires, y además de precios razonables, puedo afirmar con seguridad que la tortilla de papas, sin cebolla, sin chorizo colorado y a punto (ni babé ni cocida), es la mejor de Buenos Aires y compite palmo a palmo con las mejores que he comido en distintos lugares del mundo, incluyendo la propia España.

A esto hay que sumarle varias cosas que me parecen importantes:

El lugar es muy lindo, muy cómodo, las esas están bien separadas, de día es muy luminoso, de noche es bien agradable.

La atención es excelente, te hacen sentir como en casa. Además hay una hermosa barra alejada del salón con mucha madera que la hacen muy cálida.

Si bien este no es un blog de gastronomía, como fanático de la tortilla de papas sin cebolla, sin chorizo colorado, ni cocida ni babé, recomiendo muchísimo ir al Centro Montañés a probarla y a pasar un buen rato.

Cuando voy, el mozo ya me conoce, y al traer la tortilla la mesa, antes de servirla la corta, la abre, me la muestra, yo le hago un gesto afirmativo con mi cara, y luego la sirve a todos los comensales.

Y por unos instantes muy felices, me hace sentir un sommelier.

ACTUALIZACIÓN:

Desde que publiqué el post, los usurarios opinaron dónde se come la mejor tortilla según ellos. Acá va la lista de los lugares sugeridos:

  • Varios dijeron MIRAMAR. En San Juan y Rincón. Alguién más la probó? habrá que ir.
  • Santa Lucía. En San Juan y Combate de los Pozos
  • Centro Asturiano: Av Libertador 981
  • El Obrero: Agustín R. Caffarena 64
  • Tancat: Paraguay 645
  • El Bar de Cao: Independencia 2400.
  • Pontevedra: San Lorenzo 2390 (pero de Mar del Plata)

Yo agrego estos 2 lugares donde también he comido una excelente tortila:

  • El Imparcial: Hipólito Yrigoyen y Salta
  • Salgado: Velasco 401 (gran lugar para comer más allá de tortilla)

Seguiremos investigando.

 Gracias por los aportes a @Gus_Noriega, @facupg, @atenea2604, @lenaleiv, @meetMeAtMontauk, @Mixtrader y @PabloMCabello

 

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Foto: Centro Montañés en Jorge Newbery 2818. Crédito de Casa de Cantabria

 

 

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Porteños viajando por Buenos Aires

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Foto: tremenda vista de la costa de Buenos Aires de la Torre de los Ingleses. Crédito de Christian Cabrera

Hace poco estuve en París y viví una experiencia totalmente fascinante:

Con mi esposa, mi hija de 4, su cochecito y los bártulos teníamos que ir de Montmartre a La Bastilla. Era un lunes a las 6 de la tarde.

Para ese trayecto debíamos caminar 6 cuadras atestadas de gente (las primeras 2 de turistas, las segundas 4 de inmigrantes sirio/libaneses) hasta la estación de metro. Allí bajar como 3 niveles por escalera hasta tomar el subte, también atestado de gente. Luego de una estación, caminar entre túneles y cientos de escaleras para hacer combinación con otro subte atestado, oloroso y calenturiento, que nos llevara por unas 12 estaciones hasta el destino final, donde tuvimos que subir unos 5 pisos por escaleras (cochecito en mano, siempre) hasta volver a respirar aire puro, y allí caminar las 8 cuadras habituales hasta el hotel donde parábamos.

En medio de este trayecto, que de verdad fue placentero, pensaba: esta misma situación en Buenos Aires y me pego un tiro hundido en la más profunda depresión.

La diferencia entre entre el placer y el odio ante situaciones similares se llama “sensación de turista”.

El mejor viaje más barato que podemos hacer, y de manera cotidiana, es viajar por tu propia ciudad. En mi caso Buenos Aires.

Por supuesto que la factibilidad de llevarla a cabo depende mucho de cuál sea el lugar en que vivas. Buenos Aires es una tremenda ciudad, a la altura de, tal vez, las 10 mejores del mundo para hacer turismo.

Hay miles de cosas para hacer y conocer, que incluso los que vivimos toda la vida aquí y la transitamos 18 millones de veces no conocemos, pero el desafío es intentar lograr el efecto “sensación de turismo” en nuestros cuerpos. Y si bien es difícil hacerlo en la propia ciudad que cotidianamente detestamos, tengo claro que es muy posible lograrlo. Es casi una cuestión de actitud, o de setear la mente de manera correcta.

Las opciones para sentirnos turistas en Buenos Aires son muchas. Desde ir a museos, subirnos a los buses de dos pisos, meternos en lugares turísticos, sumarnos a algún tour guiado, etc. Pero incluso simplemente levantando la cabeza cuando caminamos por lugares habituales, haciendo las tareas cotidianas, e ir mirando más allá de lo que habitualmente miramos. Es decir, haciendo lo mismo que haríamos en Paris o en cualquier otra mega ciudad del mundo.

Para los porteños, hacer turismo en Buenos Aires es el mejor viaje barato que podamos hacer. Y lo barato no necesariamente es malo.

Si logro continuidad en este blog, escribiré al menos 100 posts referidos a los Porteños que viajamos por Buenos Aires.

Esta es apenas una introducción.

 

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Ventana o pasillo?

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Ventana o pasillo? más allá de las preferencias personales, hay algo que nunca comprenderé:

Los turistas hacen filas de horas para subir a torres emblemáticas en ciudades emblemáticas y están dispuestos a pagar cuantiosas sumas de dinero para disfrutar de las vistas aéreas que esas torres y edificios ofrecen. Muy de acuerdo con todo. Vale la pena.

Pero la gran mayoría de esos mismos turistas, a la hora de viajar en avión, incluso a esas mismas ciudades donde pasan una tarde en busca de apreciarlas desde las alturas, elijen sentarse en pasillo, o muchos lo hacen con la cortinita de la ventana cerrada u otros mirando la triste revista de la línea aérea o una serie de televisión, mientras el avión sobrevuela a una altura espectacular la ciudad fascinante, como podría ser New York, desperdiciando segundos invaluables de las vistas espectaculares.

Entonces me pregunto cuál es el sentido de subir a un mirador, o si en realidad, para el turista, algo es turístico sólo si la industria y sus mecanismos, decidieron establecerlo como tal.

Entiendo toda esa cuestión de comodidad de viajar en pasillo en un vuelo largo y poder ir al baño o hacer esos ejercicios ridículos de estiramientos de músculos, pero no se explica en los vuelos cortos, o en los mismos vuelos largos para quienes viajan en ventanilla para mantenerla cerradas durante los momentos más espectaculares.

Tal vez, las guías turísticas tipo Michelin, deberían incluir estos puntos de atracción asignándoles sus respectivas estrellas. Ejemplo: aterrizar en Aeroparque por pista 13, ventana sector derecho, lejos del ala: ***. Sector izquierdo: *. O tal vez, el personal de abordo de las mismas lineas aéreas, deberían hacer de guías turísticos: “a su derecha, el famoso e imponente rectángulo llamado Central Park”. Y de esta manera la gente prestaría atención y le daría valor. O ta vez, cobrando un adicional por viajar en ventana en un día despejado, el viajante lo consideraría una atracción turística que vale la pena.

Lo cierto es que viajar en ventana debería ser una obligación para el turista, y los momentos de despegue y aterrizaje, toda nuestra concentración debería estar puesta en esas pequeñas ventanas que permiten tener otro punto de vista, único e irrepetible, de los lugares maravillosos que tiene la tierra.

Los viajes recién se terminan cuando nos cubren las nubes, o la oscuridad de la noche, o la inmensidad del mar. Pero la mejor vista y la mejor foto de un viaje, puede suceder justo en ese momento final.

Como se darán cuenta, entre ventana o pasillo de un avión, siempre elegiré ventana.