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Mis 3 estrellas Michelin

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Volví (no sé por cuánto tiempo). 

Más allá de internet y las mil fuentes de información, para mí la guía Michelin y su puntuación en 3 estrellas sigue siendo la mejor guía de viaje, pero ya hablaré de ello en otro post. 

Este trata de que me di cuenta planificando un nuevo viaje que tengo mi propio sistema Michelin para elegir destinos a visitar. Sería así:

Una estrella = ciudad/pueblo espectacular 

Una estrella = paisaje espectacular 

Una estrella = comida espectacular 

Cuando se dan las 3 cosas juntas el lugar es 3 estrellas, es decir: HAY QUE IR SI O SI. 

Ejemplo: Lago di Como en Italia


O la región de La Provenza en Francia 


Para comprobar que este método funciona:

Estas dos regiones son espectaculares, de lo mejor que se pueda encontrar en el mundo, sin dudas 3 estrellas.  Pero comparemos con otra región hermosa como ser New England al noreste de USA: 


Pasajes espectaculares (en especial en otoño). Pueblitos bellísimo, pero comida normal o medio pelo. Es decir, 2 estrellas. 

Pero a la vez, mi “método Michelin” no sirve para las grandes ciudades, como ser Londres, NY, Paris, Berlín. Ninguna de ellas se destaca por paisaje pero son 3 estrellas igual. 

Tendré que descubrir mi Método Michelin de ciudades. Por lo pronto tengo el de regiones. 

Saludos a los viejos amigos del blog. 

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Ir o no ir a París después de los atentados

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Muchos que tenias reservas y viajes planificados y otros que simplemente están buscando el próximo destino se preguntan si es conveniente ir a París durante este año, luego de los terribles atentados de noviembre del año pasado.

Acá dejaré mi opinión.

Estuve en París y varios lugares de Francia a fines de octubre, unos días antes de los atentados. Estando allá hubo varias cosas que me llamaron la atención y que se las comenté s mi esposa:

-lo fácil que ingresamos a Francia. Solo nos pidieron pasaporte sin ningún tipo de cuestionario o revisión adicional y ni siquiera, la señora que nos atendió en migraciones, prestó atención a nuestra identidad. Estaba hablando con otra mientras los sellaba.

-la ausencia de policías en las calles. Solo vimos presencia policial en puntos turísticos extremos como la Torre Eiffel y Notre Dame. Esto no dice mucho porque bien pueden estar de civil. Pero igual me llamó la atención respecto a otras ciudades de Europa.

-la pobreza en la calle: esto no solo me llamó la atención en París sino en todo Francia incluyendo la Costa Azul. Casi no hay cuadra en que no haya una persona pidiendo (junto a un perro) en la calle, también al atardecer se llenan las calles de cartoneros (pero que van con carritos de supermercado), y en las noches hay cuadras enteras de personas durmiendo en la calle en todas las ciudades que visitamos de Francia.

-El barrio de Montmatre: este punto es complicado de contar porque salen los prejuicios pero prefiero expresarlos a hacer de cuenta que no los tengo. Me sorprendí mucho al bajar en la estación de metro de Barbés Rochechuart. Fue la única vez en la estadía en Francia que sentí algo de miedo. La zona esa, en especial esa equina, está repleta de inmigrantes de origen árabe. Al punto de que por un rato es difícil creer que seguimos estando en París. Recién al regresar me puse a leer sobre ese barrio y supe que es un barrio históricamente de inmigrantes, que allí está uno de los mercados más importantes de París, que en su momento estuvo repleto de judíos y que la misma estación de subte se convirtió en el último año en un centro de refugiados. No nos pasó absolutamente nada estando allí. Como dije al inicio, fueron mis prejuicios que me hicieron temer. Tampoco digo que sea un barrio seguro. Hay opiniones encontradas. Pero sin dudas fue algo que me llamó muchísimo la atención.

 

calles de Barbes

-Estando en la Costa Azul, vemos pasar dos autos tocando bocina y con personas de origen arabe celebrando con banderas sacando el torso por las ventanas como si se tratara de un triunfo de un equipo de fútbol. Le dije a mi esposa (de nuevo bajo mis prejuicios): están celebrando un atentado terrorista. En la noche, al conectarnos a internet, supimos que ese día  ISIS había bajado un avión comercial Ruso en el desierto del Sinai

Con todas estas cosas, que no me habían pasado en otros viajes a Europa, incluso a la misma París y Francia, le dije también a mi esposa estando allá: qué fácil sería hacer un atentado en París. Malísima premonición. A días de regresar veíamos por TV las imágenes de lugares por donde solíamos caminar o incluso sentarnos a tomar café.

Se supone que después de un atentado se refuerza la seguridad. Pero hacía menos de un año que había ocurrido Charlie Hebdo y si algo no tuve en Francia, es sensación de seguridad.

En estos días persiste un estado de paranoia colectiva en París. Justamente para que no vuelva a repetirse la tragedia se están tomando medidas exageradamente preventivas. Es normal que detengan el subte para evacuarlos por amenazas, o que suenen sirenas de alerta, o que a cada asesinato por robo se lo adjudique a un atentado terrorista. Típicas cosas que pasan en este mundo actual y que lamentablemente creo que nos deberemos acostumbrar.

Entinces, ir a París este año o no

En este escenario yo no iría a París. No por temor a que me sucediera algo. Hay más chances de que nos pase algo agarrando cualquier día la avenida General Paz. Sino porque creo que no podría disfrutar plenamente como me gusta disfrutar.

Hay tantos lugares bellos por conocer, que por más de que ya tengamos todo reservado y planeado, creo que vale la pena hacer el cambio y esperar. A París siempre se vuelve y París nunca dejará de ser lo que es.

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Porteños viajando por Buenos Aires

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Foto: tremenda vista de la costa de Buenos Aires de la Torre de los Ingleses. Crédito de Christian Cabrera

Hace poco estuve en París y viví una experiencia totalmente fascinante:

Con mi esposa, mi hija de 4, su cochecito y los bártulos teníamos que ir de Montmartre a La Bastilla. Era un lunes a las 6 de la tarde.

Para ese trayecto debíamos caminar 6 cuadras atestadas de gente (las primeras 2 de turistas, las segundas 4 de inmigrantes sirio/libaneses) hasta la estación de metro. Allí bajar como 3 niveles por escalera hasta tomar el subte, también atestado de gente. Luego de una estación, caminar entre túneles y cientos de escaleras para hacer combinación con otro subte atestado, oloroso y calenturiento, que nos llevara por unas 12 estaciones hasta el destino final, donde tuvimos que subir unos 5 pisos por escaleras (cochecito en mano, siempre) hasta volver a respirar aire puro, y allí caminar las 8 cuadras habituales hasta el hotel donde parábamos.

En medio de este trayecto, que de verdad fue placentero, pensaba: esta misma situación en Buenos Aires y me pego un tiro hundido en la más profunda depresión.

La diferencia entre entre el placer y el odio ante situaciones similares se llama “sensación de turista”.

El mejor viaje más barato que podemos hacer, y de manera cotidiana, es viajar por tu propia ciudad. En mi caso Buenos Aires.

Por supuesto que la factibilidad de llevarla a cabo depende mucho de cuál sea el lugar en que vivas. Buenos Aires es una tremenda ciudad, a la altura de, tal vez, las 10 mejores del mundo para hacer turismo.

Hay miles de cosas para hacer y conocer, que incluso los que vivimos toda la vida aquí y la transitamos 18 millones de veces no conocemos, pero el desafío es intentar lograr el efecto “sensación de turismo” en nuestros cuerpos. Y si bien es difícil hacerlo en la propia ciudad que cotidianamente detestamos, tengo claro que es muy posible lograrlo. Es casi una cuestión de actitud, o de setear la mente de manera correcta.

Las opciones para sentirnos turistas en Buenos Aires son muchas. Desde ir a museos, subirnos a los buses de dos pisos, meternos en lugares turísticos, sumarnos a algún tour guiado, etc. Pero incluso simplemente levantando la cabeza cuando caminamos por lugares habituales, haciendo las tareas cotidianas, e ir mirando más allá de lo que habitualmente miramos. Es decir, haciendo lo mismo que haríamos en Paris o en cualquier otra mega ciudad del mundo.

Para los porteños, hacer turismo en Buenos Aires es el mejor viaje barato que podamos hacer. Y lo barato no necesariamente es malo.

Si logro continuidad en este blog, escribiré al menos 100 posts referidos a los Porteños que viajamos por Buenos Aires.

Esta es apenas una introducción.

 

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La mejor callecita de París

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Foto: Rue Des Francs Bourgeois. La mejor callecita de París.

París está llena de callecitas hermosas, pero en este post quiero hablar de una en especial: la Rue Des Francs Bourgeois.

Ubicada en el hermoso barrio de Le Marais, nace en el Museo de los Archivos Nacionales, a pocos metros del centro Pompidou, y va en dirección del Boulevard Beaumarchais, camino a La Bastilla, y su recorrido es de sólo unas cuadras, tal vez las más lindas de París.

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Durante el Siglo XV, esta calle albergaba una gran residencia para familias muy pobres de Francia, quienes por su situación extrema estaban exceptuados de pagar impuestos. A ellos se los llamaba “francs-bourgeois” y de allí el nombre de la calle.

Pero en la actualidad sucede todo lo contrario. La calle está rodeada de negocios, hoteles y restaurantes de lujo, y es frecuentada por la alta sociedad francesa y por toda clase de turistas. Sin embargo es agradable para caminar por ella ya que nunca se encuentra atestada, como sucede con toda la zona de La Opera (zona a que le dedicaré un post como “el peor barrio de París).

Si bien a Burgeois hay que recorrela entera al menos una 14 veces en una estadía de una semana, la parte de más linda de sus escasas cuadras está en la plaza que atraviesa y que es la más bella de París: Place des Vosges.

La recuerdo y ahhhhh. Es un lugar para suspirar, ser cliché y caer en todos los lugares comunes posibles sin temor alguno.

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Esta increíblemente bella y hermosa y plaza, no sólo es la más antigua de París sino que además se transformó en un prototipo de plaza residencial que luego fue imitada por todo Europa, pero ninguna mejor que la original.

En el otro extremo de Bourgeois llegamos al famoso centro Pompidou, que en mi opinión, vale la pena tan solo de verlo y recorrerlo desde afuera.

En definitiva, son muchas las razones para decir que la Rue Des Francs Bourgeois es la mejor callecita de París. Y ahora lo importante:

Pienso que siempre conviene alojarse cerca de la mejor callecita de la ciudad a donde vamos ya que podremos hacer que cada salida y llegada del hotel en cada día, sea un recorrido por la callecita más linda.

Esto no implica que el alojamiento será necesariamente más caro. Por ejemplo, por la zona de La Bastilla está lleno de buenos hoteles a precios accesibles, y ni hablar si sabemos buscar bien en Airbnb.com (ver post del blog  Viajar o Morir para conseguir buenos precios).

 

 

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Las mil formas de viajar y la mía (receta de viaje)

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Foto: Vevey – Suiza, Lago Lemán. Tenedor en el lago frente al museo de la gastronomía

Hay miles de formas de viajar. Con mis más de 40 años y una hija de casi 5 y habiendo probado varias, siento que he encontrado la mía. Al menos hasta que vuelva a encontrar la próxima.

Me refiero a un viaje de aproximadamente 20 días y con la oportunidad de subirse a un avión de trocha ancha de más de 10 horas de duración.

Ejemplo: 20 días en Europa. Mi receta es la siguiente

  • UNA ciudad grande, famosa, imperdible. ya sea la primera vez que vamos a ella o la segunda, tercera, cuarta o quincuagésima
  • UNA ciudad mediana pero hermosa, poco convencional, no incluida en el tour japonés.
  • Alquiler de auto el último día de esa ciudad y pueblitos, pueblitos, pueblitos pueblitos.
  • Devolver el auto a la llegada de otra ciudad mediana pero hermosa, imperdible e irresistible y con aeropuerto grande.
  • Volver en avión desde el último punto con escala en ciudad grande y famosa del punto 1.

Ejemplo concreto:

  • Buenos aires – Paris. 6 noches.
  • Paris – Ginebra vía TGV (saliendo 8am de París, a las 11 estás saboreando el lago Lemán).
  • Auto: recorrida por Lousanne, Montreaux, Vevey, etc.
  • Auto rumbo a la Provenza: Avignon, Saint Remy de provenza, Arlés, etc.
  • Auto a Niza. Costa azul.
  • Regreso: Niza – Paris – Buenos Aires.

Ese viaje me llevó por una gran ciudad, típica, clásica, infalible. Conocí una ciudad que me sorprendió para bien y a la que todo el mundo me decía “para qué vas ahí?”: Ginebra (ya hablaré especialmente de ella).

Le di una vuelta al lago Lemán con la hermosisisisisima (vale la pena estropear el español) Vevey y la increíble Montreaux para quienes amamos la música. (No volvería a Lausanne).

Estuve suficientes días en la Provenza como para recomedársela a todo el mundo y  prometerme volver.

Y me desilusioné con la Costa Azul como corresponde (supongo que no estarán de acuerdo con este comentario).

En definitiva, ciudad, montaña, lagos, campos, ríos, playa y mar en un solo viaje. O se podría dividir en mega-ciudades increíbles y pueblitos soñados. En transporte público y auto, o mil maneras más.

Son recorridos que, sabiendo elegir las fechas y los lugares en dónde hacer escala, volvés demasiado lleno de satisfacción y con muchas más ganas de viajar que con las que partiste.

A ustedes cómo les gusta viajar?

@sershus